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Su abuela le contaba que la primera vez que la vio, dentro de la incubadora, a horas de nacida, ella movía sus piernecitas y brazitos en ademanes graciosos, como bailando para ellos, mientras los miraba fijamente. algo había en esa mirada directa y penetrante, arguía la abuela, que hacía presagiar que esta pequeña había nacido para grandes cosas. Al parecer, la niña estaba destinada a ser artista, para orgullo de todos. Así explicaba la familia su insistente exhibicionismo infantil y reacciones temperamentales. La niña creció creyendo en la historia que su abuela contaba y decidión que lo único que la haría feliz sería seguir su vocación y dedicar su vida a la danza... ¡Por dios, era sólo una guagua fea, peluda y rechoncha retorciéndose en una incubadora!

lunes, 13 de abril de 2009

Peter Brook, director teatral


"A un director le lleva mucho tiempo dejar de pensar en el resultado que desea y concentrarse, en su lugar, en descubrir a fuente de energía de la que al actor le pueden brotar impulsos verdaderos. Si uno describe o marca el resultado que está buscando, un actor lo puede reproducir por un momento. No obstante, para ser capaz de hacer lo mismo una segunda vez con suficiente energía, el actor o la actriz tienen que tener tal convicción que el impulso se les haga auténticamente propio. Invariablemente, para los actores, ese sentido de la convicción procede de su propio sentido interno de la realidad, no de la obediencia a las ideas de un director".

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